retorno del Padre Lucas a España

05.07.2013 14:08

Tras 40 años de enseñar con amor, el padre Lucas vuelve a su patria

 

El reconocido maestro y sacerdote español Juan Antonio Lucas decidió retornar a España, luego de dedicar su vida a la defensa de los derechos humanos en Paraguay. En su adiós, desea un futuro con esperanza.

El reconocido maestro y sacerdote español Juan Antonio Lucas decidió retornar a España, luego de dedicar su vida a la defensa de los derechos humanos en Paraguay. En su adiós, desea un futuro con esperanza.

Por Luján Román

Con las maletas llenas de esperanza de pronta recuperación y fe en Dios, el padre Juan Antonio Lucas, de la Congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, se despide del pueblo paraguayo con palabras de amor y deseos de un mejor porvenir.

 

A días de cumplirse cuatro décadas de su estancia en el país, el pa′i Lucas, conocido pedagogo católico exiliado en la Argentina durante el gobierno de Alfredo Stroessner, decidió retornar hoy a su patria, España.

 

Sus 85 años y los achaques propios de la edad hacen necesario un tratamiento especial que lo ayude a sobrellevar la embolia cerebral que lo mantiene en una cama. Se hospedará en una casa congregacional cercana a Madrid, que alberga a sacerdotes que necesitan cuidados intensivos.

 

LEGADO. Sus reflexiones en defensa de los derechos humanos en las clases magistrales en la Universidad Católica y en las emisiones radiales a su cargo quedarán como su más grande legado al pueblo paraguayo.

 

Entre poemas y oraciones, el padre Lucas –en sus últimos días en Paraguay, en la casa parroquial de la parroquia Santa Catalina de Siena– comentó que no fue intención dejar el país tan repentinamente.

 

“Me llevan a España. Yo no quería ir a ningún lado. Sufro de embolia cerebral que me tiene postrado, muerto prácticamente, para levantarme, para sentarme, para darme una bocanada de aire fresco, necesito de otros. Mi rutina es de aquí a la silla de ruedas y a la cama y viceversa, necesito cuidados especiales que me los darán en España”, comenta.

 

Si bien el padre Lucas se encuentra bajo cuidado, con su legendaria barba blanca y su discurso cargado de enseñanzas, asegura que por más de que la gente diga que se ve bien, eso son solo buenos deseos, porque “por dentro va la procesión. Nunca tan bien dicho. Aunque se me vea bien, porque estoy con una cara de pena y sobre todo el cuerpo que no responde. El dolor es permanente”, comenta.

 

Un dolor semejante fue el que sintió cuando fue apartado de su misión por orden del dictador Alfredo Stroessner, quien decidió sacarlo del Paraguay a pocos años de llegar al país.

 

DICTADURA. Extender la grandeza de Dios fue su misión. No olvida la fecha en que llegó para cumplirla. Con ademanes señala que fue el 25 febrero de 1972. “Tengo 40 años exactos por aquí. Siempre quise venir a América, sabiendo que aquí había menos sacerdotes. Me retuvieron bastante, hasta que por fin me llamaron los padres belgas de mi congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María”.

 

Su primer destino fue Bogotá, Colombia. A los 8 meses lo destinaron a Paraguay, de donde lo expulsaron en 1975. “Yo no me fui… Me fueron a Argentina”, dice con magistral ironía. El motivo de su expulsión: preguntar.

 

“Stroessner me expulsó del país por preguntar. Porque los temas de mis asignaturas eran qué es ser humano, libertad, justicia, y a finales de mi exposición magistral decía: ¿cree usted que en este país hay libertad? ¿Hay justicia? No, no. Entonces yo era peligroso para el General, que tenía miedo, entonces, me echaron”, relata.

 

Como buen cristiano, asegura que ya perdonó esta separación de su misión. “A él lo perdoné, porque es de cristianos perdonar. Deseo que el Señor le haya perdonado a él también, porque ha hecho tanto daño. Perdonar no es olvidar. No quiero que haya en mi corazón ni sombra de rencor contra nadie”, manifiesta.

 

GRAN MAESTRO. Antropología, filosofía, lógica simbólica, misterio cristiano y ética son solo algunas de las cátedras que enseñó el padre Lucas a lo largo de su vida como docente universitario.

 

“Enseñé cerca de 25 años en la Universidad Católica y también en varios colegios. Hubiera querido que Paraguay creciera y bajara de las nubes, que hubiesen crecido la honestidad, la educación, la formación de la juventud, y en eso hemos avanzado poco. Yo traté de poner mi granito de arena”, comenta con humildad.

 

A pocas horas de decir adiós a esta tierra, el sacerdote español insta a los padres a trabajar para brindar buenos hijos al país, y no preocuparse tanto por dar un buen país a sus hijos. “Este país es maravilloso, son los hijos de este país lo que hay que dejar de legado”, musita con entusiasmo.

 

La caridad

–¿Cómo se siente a días de irse del país?

 

–Estoy variopinto. Por un lado, estoy alegre y por el otro, estoy triste. Estoy alegre porque aquí al no poder trabajar, me siento mal, no puedo trabajar y tampoco dejo trabajar. Eso a mí me afecta mucho. No me gusta interrumpir bautismos, casamientos ni las charlas formativas. Claro que como lo mío es urgente, se le da prioridad y yo luego me siento mal por interrumpir la eucaristía, por ejemplo.

 

–¿Qué representa para usted volver a casa?

 

–Ahí voy, ahí tengo familia, en ese sentido voy contento, porque mi familia se va a alegrar. Y por gracia de Dios nuestra familia está muy unida, mis sobrinos me quieren mucho, mi hermana debe estar contenta porque voy a verla después de mucho tiempo.

 

–¿Qué buenos recuerdos lleva de Paraguay?

 

–La gente de Paraguay, en todos sus estamentos. La gente humilde, hospitalaria, abierta. El paraguayo es cordial, maravillosamente hospitalario, es naturalmente cordial y muy cariñoso, aunque también se pelean entre ellos hasta se acuchillan. Siento una inmensa gratitud con el pueblo paraguayo, a quien amo de corazón, a la juventud, a los niños, a la gente sacrificada que trabaja, pero a la que no se le ha enseñado a administrar lo más mínimo.

 

–¿De qué forma se retira de esta tierra?

 

–Me voy triste de acá, porque pudiendo ser un país maravilloso, sus hijos al no tener ese afán por estudiar, formarse, capacitarse de una forma excelente, nos quedamos en la mediocridad. Eso me duele mucho, porque es amoroso este país, y no se merecen los gobernantes que tiene. Un poeta latino dijo: “El pueblo quiere ser engañado, pues que se jorobe”. Por eso digo que tienen que ser críticos y saber discernir los políticos honestos de los deshonestos.

 

–¿Cuál es su opinión sobre la Iglesia Católica en Paraguay?

 

–Creo que es igual que el pueblo y también algunos defectos como todos los seres vivientes. Luchó muy fielmente durante la dictadura.

 

–¿Qué aspectos deberían mejorar como nación?

 

–La educación, la instrucción, la lectura. Leer, leer y leer, estudiar mucho, por eso creo que no tenemos buenos diplomáticos, ingenieros, todo radica en falta de estudios, el vai vai es una ley perniciosa, no poner alma vida y amor, en las tierras, en las profesiones respectivas es lo que hace que seamos muy mediocres. De otra manera, la verdadera pobreza del Paraguay no es carecer de leyes, sino carecer de educación, de instrucción, por eso es que veo que no ha cambiado demasiado. Lo importante son los dirigentes. Lo mismo pasa con la Iglesia. Si los sacerdotes son más santos, más doctos, la Iglesia también irá mejor.